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jueves, 29 de diciembre de 2011

DÍA VEINTISEIS (LA VOZ DE LA NOCHE)



Llega la voz de la luna que calma la ausencia de tus manos y tus ojos pardos.
Y otra voz que clama la urgencia de tu sombra y la mía, en los prados descanso.
También los emplastos llegan. Las promesas de sol en el invierno,
lágrimas de paz en la tristeza.
Preguntas que absuelves con ojos consuelo
y lluvias que se secaron entre tu cuello y tu garganta, también llegan.

Me sueño en un mar de expectativas.
Con brutales marejadas que tus brazos amainan.
Sobre un arrecife donde reposa tu espuma sonrisa,
antes de empujarme hacia el azul nostalgia.

En tus dedos se van los pedazos de cielo
y en el hielo de la luna la montaña
de momentos, que acumulamos caminando
el pasado sin nosotros y el presente sin ellos.


DE: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES Copyright © 2006 de Rogger Alzamora Quijano

martes, 13 de diciembre de 2011

DÍA CATORCE




El sorbo de amor que tragué de tu boca
no sirvió para inculparte,
sino para prevalecer
dulce, nueva.
Caliente adicción.

Desde recónditas articulaciones
y desconocidos huesos me gustas tú.

Ardores traen tu nombre desde mis entrañas
se represan en mi garganta y me ahogan.

Hundes tus dedos pesadilla y cierras
todos mis reclamos y rebeldía.




DE:40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES Copyright © 2002 de Rogger Alzamora Quijano.

jueves, 17 de noviembre de 2011

DÍA VEINTIOCHO (FELICIDAD)




Felicidad es
esperarte,
fresca como la madrugada.

Felicidad es saberte y conocerte
en los predios de tu señera modestia,
en las aguas de la conciencia limpia,
en tu desdén por los conspiradores.

Felicidad es
tenerte en un abrazo largo y urgente,
quedarme conociendo, en el terreno de tu frente,
mapas de un mundo que nadie conoce.

Felicidad es
Oír tu risa cósmica,
la nube de tu tacto,
las colinas de tus hombros,
acantilados y bebederos.

Felicidad es
confluir en un mismo milagro.



DE: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES © Rogger Alzamora Quijano

domingo, 6 de noviembre de 2011

EL PESO DEL ALMA

Escribe: Rogger Alzamora Quijano

Francis Crick, el biólogo y Premio Nobel, encontró que el alma humana pesa 21 gramos y está ubicada en la marea de neurotransmisores y recovecos de las estructuras cerebrales.
Son esos 21 gramos los que se separan del cuerpo cuando morimos.
Ese último suspiro, aquella exhalación definitiva tiene entonces una explicación científica.

Pero, al margen de ella, ¿qué contienen esos 21 gramos? ¿Qué es lo que incluye aquél último equipaje que se desprende de nosotros para dejar que sólo la carne se corrompa? ¿Son acaso las mejores experiencias? ¿Son nuestros mejores sentimientos? ¿Son la mejor parte de nosotros? ¿Es lo más negativo, ruin y oscuro de nuestro ser? ¿O es un último ejercicio que nos obliga a aceptar que los 21 gramos se lleven la mejor o peor parte, según los dictados del azar?

Cuando morimos disfrutamos de un último estallido de conciencia, aquél panorama misterioso que nos obliga a confrontarnos acerca de nuestra naturaleza única. Lo inexplicable de su origen, lo fascinante e intrincado de su definición, hacen del alma la parte más importante aunque paradójicamente también la más liviana.

¿Qué se va con esos 21 gramos? Quizá nuestros valores y prejuicios, nuestras taras y virtudes. Nuestros placeres más intensos y los sabores más deliciosos. Lo que nos dolió y lo que nos enfureció. Aquellos nobles sentimientos frente a la desdicha propia y ajena; el deseo de disfrute y la sensación de paz. Todo eso que parece ser abundante e interminable sólo pesa 21 gramos.

Quizá haya que entender que el rayo destellante que se da en llamar “córtex visual” puede terminar en una explicación acerca de la teoría de la oscilación (grupos de neuronas que cambian de foco de atención según su percepción de los estímulos), y que la “conciencia” puede construir por sí misma vías alternas desde la transmisión e interpretación. Sin embargo, es el momento en que el alma abandona su cuerpo para irse a un limbo metafísico donde acampará quién sabe para siempre, que desencadena el temor general de que el tiempo destinado a desmenuzarlo y valorarlo nos será insuficiente. Aunque 21 gramos sea el equivalente a una pequeña rebanada de pan, su contenido está elevado a la enésima potencia.

El alma, ese gigante contenedor de experiencias y sentimientos, recuerdos y proyectos, desgracia y felicidad, pesa apenas 21 gramos. Pero no es su peso físico lo que importa -o le da importancia-, sino que ello significa lo que pesa la vida, lo que se llevará la muerte. Lo que realmente contiene ese menudo ato que viaja hacia algún lugar, en el momento mismo en que morimos.

Lo único cierto, entonces, es que ese equipaje está repleto de vivencias.



Copyright © 2011

sábado, 22 de octubre de 2011

SUEÑO GAVIOTA


Y estoy pensándote
mientras vuelo junto a ti sobre estepas y ciudades;
calles, árboles y nubes. Silencios y tormentas.

Y estoy soñándote
tibia, grácil y natural. Morena, menuda y tierna
hasta que a mi tacto regresas, sólo para volver a soñarte.

Hay también zanjas profundas, espantosas tinieblas,
Miedos torpes, llantos plañideros y resuellos angustiosos
en el parque de los sueños donde, tercos, aún dormimos.


Pero la lejanía y la distancia son apenas eufemismos.
Moribundos kilómetros, opaco cansancio, ridícula ventisca,
minúsculos insectos contra las alas de este sueño gaviota.


Porque volar al futuro es mejor contigo. Luz y lozanía,
brillo en plena penumbra, candado de los abismos,
oro desde un metal ordinario tocado por tu voz alquimia.


Se trata de volar más lejos. Se trata de soñar gaviota.
De trazar el futuro desde el balcón de nuestra casa.



LECTURA EN LA VOZ DEL AUTOR:

SUEÑO GAVIOTA from Rogger Alzamora Quijano on Vimeo.


DE: "40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES" © 2011 Rogger Alzamora Quijano

domingo, 9 de octubre de 2011

BRAZOS LIRIOS



No me importa el verde del campo si no es bello para ti.
No me gustan las flores ni las aves si al mirarlas lloras.
No entiendo las palabras que no viven en tu voz,
y nada me alivia el dolor sino tus ojos cobrizos
.
No me importa la luz si sólo alumbra tu ausencia.
No puedo vivir donde no estás ni donde ya estuviste.
No quiero recordar las noches que duermo sin ti.
No me gusta la soledad cuando me asfixia el silencio.

Quiero que mis días tomen el color de tu boca.
Que la paz llegue en tus brazos lirios.
Posarme en tus ojos para saber que existo,
que me alivies con el fresco del sereno.

En todas partes vive el dolor escondido.
Nostalgias perniciosas, renuncias y sacrificios.
Sin ti me aplastan todas las agonías juntas,
Contigo me seduce hasta el mínimo indicio.




DE: "40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES" Copyright © Rogger Alzamora Quijano

domingo, 18 de septiembre de 2011

DÍA VEINTINUEVE LA ESPERA


Tú y yo atravesamos montañas azules e ignotas,
nos sentamos a la sombra de árboles imaginarios,
corrimos con los siete perros tras el ganado
y lloramos ante los huesos de los abuelos.

Tú y yo nos sentamos al sol mirando
las lagartijas que brincaban de piedra en piedra.
Nos olvidamos del hambre y el abrigo
mientras íbamos riendo y cantando.

Tú y yo inventamos el teorema de la esperanza.

Si tú bajaras del cielo que pinté sobre mi cama
verías cómo guardo tu nombre en mi garganta,
mis brazos que sólo quieren tu espalda
y una tibia cobija para tus pies cansados.

Verías también las aves silvestres,
margaritas y lilas blancas para nuestra mesa.
Sabrías así lo que tengo en mi cabeza
para provocarte y convencerte .




DE: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES Copyright © 2007 de Rogger Alzamora Quijano

sábado, 10 de septiembre de 2011

EL ENVIDIOSO ES ENEMIGO DEL AFORTUNADO


Escribe: Rogger Alzamora Quijano

Parafrasear a Epicteto, en su memorable frase acerca de la envidia, ciertamente nos da un magnífico impulso para reflexionar acerca de tan despreciable oficio –el de envidioso(a)- y su enfermiza práctica a cargo de cretinos (as) de baja estofa.
No existe un defecto tan miserable como la envidia, pues se acumula, crece y se esparce bajo las sombras, escondido, malévolo y cobarde. Siempre el envidioso señala a alguien como autor de la fuente. Nunca se inculpa y por lo general lanza su hediondez escudado en terceras personas.
La chismografía es, sin duda, caldo de cultivo para la envidia. Una junta de chismosos (as) es el conciliábulo ideal donde se pierde el tiempo y se ocultan las miserias de la propia vida; sirve para menoscabar a alguien a quien se lo admira en secreto.
No se siente envidia por alguien que no vale nada, sino por aquél que muestra ventaja intelectual o cultural, -patrimonio que no se puede comprar. Porque la envidia es la manifestación más clara de la pobreza cultural de un individuo.
La envidia es una pasión cobarde y vergonzosa que nace de la admiración por el enemigo. Y como no se es capaz de enfrentarlo directamente, se comienza en el chisme y se termina en la injuria, la diatriba y el desprestigio gratuito.

La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten…” decía Schopenhauer y ello debe finalmente explicar el origen de tal infamia: sólo un desdichado puede detenerse a observar la vida ajena mientras elucubra las peores bajezas, en lugar de preocuparse por construir una vida propia positiva y limpia.
Sólo queda sentir lástima por los envidiosos. La envidia acorta sus vidas y las empobrece.
En el submundo en que viven respiran hipocresía y traición.

Nada mejor para cerrar esta nota que los versos de Goethe en su poema Käffer: “el eco de sus ladridos demuestra que cabalgamos

sábado, 27 de agosto de 2011

EL PARAÍSO VIRTUAL

Escribe: Rogger Alzamora Quijano


He leído y continúo leyendo textos excelentes en la red. Me siento afortunado por eso. El mundo sigue adelante. Se podrá morir en el intento, pero se continúa luchando.

La gente crea, acomete sus sensaciones y logra fabricar mundos paralelos que a otros nos significan coordenadas oníricas, pero transitables desde la ilusión. Es verdad que la gente también se sigue dedicando a las cosas mundanas -es característica de nuestra especie-. Pero también juega con su imaginación, la compone, la modifica, o va más allá y la inventa, dejando que la mente de los lectores transite por las realidades que seguramente hubieran querido encontrar a su medida y deseo.
Y así nacen nuevos mundos propios que sirven para vivir cuando el que tenemos cotidianamente no nos sirve. Y, de hecho, hay en el alma de cada ser humano un lugar inventado por algún escritor, donde se ha vivido pleno de ilusión y ajeno a todos los demás. Hay también algún verso o poema que uno hubiese querido decir, escribir o protagonizar en su propia vida. Nadie nos puede quitar ese derecho pues nadie más lo conoce.

Hay esperanza. El mundo sigue escribiendo. Ficciones, sueños, propósitos, amor, desengaños, vivencias... lo que fuere. Todo eso se transforma en mundos alternativos que nos conmueven y sorprenden con tanto ingenio y animosidad. Hay poesía por donde se mire. Hay esfuerzos por decir bien lo que los demás esperan.

A quienes escriben para crear y entregar la imaginería como alternativa ante el rudo transitar diario. A todos los sitios donde cada día se coloca alguna letra con el fin de continuar edificando el espíritu humano:

No se requiere papel ni tinta para dar a conocer el pensamiento. Existe el espacio virtual, como masiva tribuna donde exponer -y exponerse- sin miedo.

© 2011

jueves, 11 de agosto de 2011

DÍA DOCE


Niebla nube o nubosa apariencia,
letal metal de filuda sentencia,
corta, inflama, invade y carcome,
Niebla que nubla y puebla mi alma.
Mi mente constante que constante-mente
se clava en tu boca.

Destino que persigo, no consigo y me persigno,
me arrodillo, me arrepiento: lo siento.

Hundes sin clemencia tu ausencia
y tu lengua mojada horada el túnel de mi garganta.
Muero, regreso a mi muerte, me odio, me repudio,
pero sigo y reincido.
¿Cuándo me perdí entre tus mejillas y tus ojos?
¿Dónde resigné mi orgullo y mi propio nombre?




De: TREINTA DÍAS © Rogger Alzamora Quijano

martes, 19 de julio de 2011

EL DÍA QUE APRENDIMOS A BESAR




El mediodía iluminó la habitación,
nuestras miradas y tu larguísimo cabello.
Tu mano en mi pierna alisó mi pantalón
y un sismo dañó mis estructuras.

Perdido entre la noche de tu pelo y el sol de tus ojos
me quedé en el garbo que me ofrecieron tus pestañas.
Nos invadió la necesidad de un sello postergado,
mientras tu cintura admitía la tentación de mi mano.

Hablaron nuestros ojos para ejecutar la melodía.
Comenzó a brillar el territorio de tus dientes
en un rictus musical que siempre me seduce,
mientras trepidaba tu vibrato en mis sienes.

Puse ante tus labios el señuelo de un beso,
para abrir las puertas del miedo y la mesura.
Me miraste plácida y aguardaste serena
antes de cerrar el telón de tus ojos bravos.

Un suave viento nacido en tus entrañas
silbó la urgencia del implícito deseo
y un diluvio inesperado inundó nuestras costas.



Derechos Reservados Copyright © 2011 de Rogger Alzamora Quijano

lunes, 11 de julio de 2011

POEMA 19, A LA SONRISA


Para cuando yo no esté contigo
es esta sonrisa que inventé para ti.
Solamente para ti.
Para cuando me busques entre la multitud,
sabiendo que ya no estoy.
Para cuando la distancia me aleje o la soledad te acose,
es esta sonrisa que inventé para ti.
Sólo para ti.



DE: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES © Rogger Alzamora Quijano

jueves, 7 de julio de 2011

MACHUPICCHU, CIEN AÑOS ABIERTO AL MUNDO

ALTURAS DE MACHUPICCHU
PABLO NERUDA
Musicalizado por Los Jaivas - Sube a nacer conmigo hermano:


I



Del aire al aire, como una red vacía,
iba yo entre las calles y la atmósfera, llegando y despidiendo,
en el advenimiento del otoño la moneda extendida
de las hojas, y entre la primavera y las espigas,
lo que el más grande amor, como dentro de un guante
que cae, nos entrega como una larga luna.

(Días de fulgor vivo en la intemperie
de los cuerpos: aceros convertidos
al silencio del ácido:
noches desdichadas hasta la última harina:
estambres agredidos de la patria nupcial.)

Alguien que me esperó entre los violines
encontró un mundo como una torre enterrada
hundiendo su espiral más abajo de todas
las hojas de color de ronco azufre:
más abajo, en el oro de la geología,
como una espada envuelta en meteoros,
hundí la mano turbulenta y dulce
en lo más genital de lo terrestre.

Puse la frente entre las olas profundas,
descendí como gota entre la paz sulfúrica,
y, como un ciego, regresé al jazmín
de la gastada primavera humana.

II

Si la flor a la flor entrega el alto germen
y la roca mantiene su flor diseminada
en su golpeado traje de diamante y arena,
el hombre arruga el pétalo de la luz que recoge
en los determinados manantiales marinos
y taladra el metal palpitante en sus manos.
Y pronto, entre la ropa y el humo, sobre la mesa hundida,
como una barajada cantidad, queda el alma:
cuarzo y desvelo, lágrimas en el océano
como estanques de frío: pero aún
mátala y agonízala con papel y con odio,
sumérgela en la alfombra cotidiana, desgárrala
entre las vestiduras hostiles del alambre.

No: por los corredores, aire, mar o caminos,
quién guarda sin puñal (como las encarnadas
amapolas) su sangre? La cólera ha extenuado
la triste mercancía del vendedor de seres,
y, mientras en la altura del ciruelo, el rocío
desde mil años deja su carta transparente
sobre la misma rama que lo espera, oh corazón, oh frente triturada
entre las cavidades del otoño.
Cuántas veces en las calles del invierno de una ciudad o en
un autobús o un barco en el crepúsculo, o en la soledad
más espesa, la de la noche de fiesta, bajo el sonido
de sombras y campanas, en la misma gruta del placer humano,
me quise detener a buscar la eterna veta insondable
que antes toqué en la piedra o en el relámpago que el beso desprendía.

(Lo que en el cereal como una historia amarilla
de pequeños pechos preñados va repitiendo un número
que sin cesar es ternura en las capas germinales,
y que, idéntica siempre, se desgrana en marfil
y lo que en el agua es patria transparente, campana
desde la nieve aislada hasta las olas sangrientas.)

No pude asir sino un racimo de rostros o de máscaras
precipitadas, como anillos de oro vacío,
como ropas dispersas hijas de un otoño rabioso
que hiciera temblar el miserable árbol de las razas asustadas.

No tuve sitio donde descansar la mano
y que, corriente como agua de manantial encadenado,
o firme como grumo de antracita o cristal,
hubiera devuelto el calor o el frío de mi mano extendida.
Qué era el hombre? En qué parte de su conversación abierta
entre los almacenes de los silbidos, en cuál de sus movimientos metálicos
vivía lo indestructible, lo imperecedero, la vida?





III

El ser como el maíz se desgranaba en el incansable
granero de los hechos perdidos, de los acontecimientos
miserables, del uno al siete, al ocho,
y no una muerte, sino muchas muertes llegaba a cada uno:
cada día una muerte pequeña, polvo, gusano, lámpara
que se apaga en el lodo del suburbio, una pequeña muerte de alas gruesas
entraba en cada hombre como una corta lanza
y era el hombre asediado del pan o del cuchillo,
el ganadero: el hijo de los puertos, o el capitán oscuro del arado,
o el roedor de las calles espesas:

todos desfallecieron esperando su muerte, su corta muerte diaria:
y su quebranto aciago de cada día era
como una copa negra que bebían temblando.





IV

La poderosa muerte me invitó muchas veces:
era como la sal invisible en las olas,
y lo que su invisible sabor diseminaba
era como mitades de hundimientos y altura
o vastas construcciones de viento y ventisquero.

Yo al férreo vine, a la angostura
del aire, a la mortaja de agricultura y piedra,
al estelar vacío de los pasos finales
y a la vertiginosa carretera espiral:
pero, ancho mar, oh muerte!, de ola en ola no vienes,
sino como un galope de claridad nocturna
o como los totales números de la noche.

Nunca llegaste a hurgar en el bolsillo, no era
posible tu visita sin vestimenta roja:
sin auroral alfombra de cercado silencio:
sin altos enterrados patrimonios de lágrimas.

No pude amar en cada ser un árbol
con su pequeño otoño a cuestas (la muerte de mil hojas)
todas las falsas muertes y las resurrecciones
sin tierra, sin abismo:
quise nadar en las más anchas vidas,
en las más sueltas desembocaduras,
y cuando poco a poco el hombre fue negándome
y fue cerrando paso y puerta para que no tocaran
mis manos manantiales su inexistencia herida,
entonces fui por calle y calle y río y río,
y ciudad y ciudad y cama y cama,
y atravesó el desierto mi máscara salobre,
y en las últimas casas humilladas, sin lámpara, sin fuego,
sin pan, sin piedra, sin silencio, solo,
rodé muriendo de mi propia muerte.





V

No eras tú, muerte grave, ave de plumas férreas,
la que el pobre heredero de las habitaciones
llevaba entre alimentos apresurados, bajo la piel vacía:
era algo, un pobre pétalo de cuerda exterminada:
un átomo del pecho que no vio al combate
o el áspero rocío que no cayó en la frente.
Era lo que no pudo renacer, un pedazo
de la pequeña muerte sin paz ni territorio:
un hueso, una campana que morían en él.
Yo levanté las vendas del yodo, hundí las manos
en los pobres dolores que mataban la muerte,
y no encontré en la herida sino una racha fría
que entraba por los vagos intersticios del alma.




VI

Entonces en la escala de la tierra he subido
entre la atroz maraña de las selvas perdidas
hasta ti, Macchu Picchu.
Alta ciudad de piedras escalares,
por fin morada del que lo terrestre
no escondió en las dormidas vestiduras.
En ti, como dos líneas paralelas,
la cuna del relámpago y del hombre
se mecían en un viento de espinas.

Madre de piedra, espuma de los cóndores.

Alto arrecife de la aurora humana.

Pala perdida en la primera arena.

Ésta fue la morada, éste es el sitio:
aquí los anchos granos del maíz ascendieron
y bajaron de nuevo como granizo rojo.

Aquí la hebra dorada salió de la vicuña
a vestir los amores, los túmulos, las madres,
el rey, las oraciones, los guerreros.

Aquí los pies del hombre descansaron de noche
junto a los pies del águila, en las altas guaridas
carniceras, y en la aurora
pisaron con los pies del trueno la niebla enrarecida,
y tocaron las tierras y las piedras
hasta reconocerlas en la noche o la muerte.

Miro las vestiduras y las manos,
el vestigio del agua en la oquedad sonora,
la pared suavizada por el tacto de un rostro
que miró con mis ojos las lámparas terrestres,
que aceitó con mis manos las desaparecidas
maderas: porque todo, ropaje, piel, vasijas,
palabras, vino, panes,
se fue, cayó a la tierra.

Y el aire entró con dedos
de azahar sobre todos los dormidos:
mil años de aire, meses, semanas de aire,
de viento azul, de cordillera férrea,
que fueron como suaves huracanes de pasos
lustrando el solitario recinto de la piedra.





VII

Muertos de un solo abismo, sombras de una hondonada,
la profunda, es así como al tamaño
de vuestra magnitud
vino la verdadera, la más abrasadora
muerte y desde las rocas taladradas,
desde los capiteles escarlata,
desde los acueductos escalares
os desplomasteis como en un otoño
en una sola muerte.
Hoy el aire vacío ya no llora,
ya no conoce vuestros pies de arcilla,
ya olvidó vuestros cántaros que filtraban el cielo
cuando lo derramaban los cuchillos del rayo,
y el árbol poderoso fue comido
por la niebla, y cortado por la racha.

Él sostuvo una mano que cayó de repente
desde la altura hasta el final del tiempo.
Ya no sois, manos de araña, débiles
hebras, tela enmarañada:
cuanto fuisteis cayó: costumbres, sílabas
raídas, máscaras de luz deslumbradora.

Pero una permanencia de piedra y de palabra:
la ciudad como un vaso se levantó en las manos
de todos, vivos, muertos, callados, sostenidos
de tanta muerte, un muro, de tanta vida un golpe
de pétalos de piedra: la rosa permanente, la morada:
este arrecife andino de colonias glaciales.

Cuando la mano de color de arcilla
se convirtió en arcilla, y cuando los pequeños párpados se cerraron
llenos de ásperos muros, poblados de castillos,
y cuando todo el hombre se enredó en su agujero,
quedó la exactitud enarbolada:
el alto sitio de la aurora humana:
la más alta vasija que contuvo el silencio:
una vida de piedra después de tantas vidas.





VIII

Sube conmigo, amor americano.
Besa conmigo las piedras secretas.
La plata torrencial del Urubamba
hace volar el polen a su copa amarilla.

Vuela el vacío de la enredadera,
la planta pétrea, la guirnalda dura
sobre el silencio del cajón serrano.
Ven, minúscula vida, entre las alas
de la tierra, mientras -cristal y frío, aire golpeado -
apartando esmeraldas combatidas,
oh agua salvaje, bajas de la nieve.

Amor, amor, hasta la noche abrupta,
desde el sonoro pedernal andino,
hacia la aurora de rodillas rojas,
contempla el hijo ciego de la nieve.

Oh, Wilkamayu de sonoros hilos,
cuando rompes tus truenos lineales
en blanca espuma, como herida nieve,
cuando tu vendaval acantilado
canta y castiga despertando al cielo,
qué idioma traes a la oreja apenas
desarraigada de tu espuma andina?

Quién apresó el relámpago del frío
y lo dejó en la altura encadenado,
repartido en sus lágrimas glaciales,
sacudido en sus rápidas espadas,
golpeando sus estambres aguerridos,
conducido en su cama de guerrero,
sobresaltado en su final de roca?

Qué dicen tus destellos acosados?
Tu secreto relámpago rebelde
antes viajó poblado de palabras?
Quién va rompiendo sílabas heladas,
idiomas negros, estandartes de oro,
bocas profundas, gritos sometidos,
en tus delgadas aguas arteriales?

Quién va cortando párpados florales
que vienen a mirar desde la tierra?
Quién precipita los racimos muertos
que bajan en tus manos de cascada
a desgranar su noche desgranada
en el carbón de la geología?

Quién despeña la rama de los vínculos?
Quién otra vez sepulta los adioses?

Amor, amor, no toques la frontera,
ni adores la cabeza sumergida:
deja que el tiempo cumpla su estatura
en su salón de manantiales rotos,
y, entre el agua veloz y las murallas,
recoge el aire del desfiladero,
las paralelas láminas del viento,
el canal ciego de las cordilleras,
el áspero saludo del rocío,
y sube, flor a flor, por la espesura,
pisando la serpiente despeñada.

En la escarpada zona, piedra y bosque,
polvo de estrellas verdes, selva clara,
Mantur estalla como un lago vivo
o como un nuevo piso del silencio.

Ven a mi propio ser, al alba mía,
hasta las soledades coronadas.
El reino muerto vive todavía.

Y en el Reloj la sombra sanguinaria
del cóndor cruza como una nave negra.





IX

Aguila sideral, viña de bruma.
Bastión perdido, cimitarra ciega.
Cinturón estrellado, pan solemne.
Escala torrencial, párpado inmenso.
Túnica triangular, polen de piedra.
Lámpara de granito, pan de piedra.
Serpiente mineral, rosa de piedra.
Nave enterrada, manantial de piedra.
Caballo de la luna, luz de piedra.
Escuadra equinoccial, vapor de piedra.
Geometría final, libro de piedra.
Témpano entre las ráfagas labrado.
Madrépora del tiempo sumergido.
Muralla por los dedos suavizada.
Techumbre por las plumas combatida.
Ramos de espejo, bases de tormenta.
Tronos volcados por la enredadera.
Régimen de la garra encarnizada.
Vendaval sostenido en la vertiente.
Inmóvil catarata de turquesa.
Campana patriarcal de los dormidos.
Argolla de las nieves dominadas.
Hierro acostado sobre sus estatuas.
Inaccesible temporal cerrado.
Manos de puma, roca sanguinaria.
Torre sombrera, discusión de nieve.
Noche elevada en dedos y raíces.
Ventana de las nieblas, paloma endurecida.
Planta nocturna, estatua dc los truenos.
Cordillera esencial, techo marino.
Arquitectura de águilas perdidas.
Cuerda del cielo, abeja de la altura.
Nivel sangriento, estrella construida.
Burbuja mineral, luna de cuarzo.
Serpiente andina, frente de amaranto.
Cúpula del silencio, patria pura.
Novia del mar, árbol de catedrales.
Ramo de sal, cerezo de alas negras.
Dentadura nevada, trueno frío.
Luna arañada, piedra amenazante.
Cabellera del frío, acción del aire.
Volcán de manos, catarata oscura.
Ola de plata, dirección del tiempo.


X

Piedra en la piedra, el hombre, dónde estuvo?
Aire en el aire, el hombre, dónde estuvo?
Tiempo en el tiempo, el hombre, dónde estuvo?
Fuiste también el pedacito roto
de hombre inconcluso, de águila vacía
que por las calles de hoy, que por las huellas,
que por las hojas del otoño muerto
va machacando el alma hasta la tumba?
La pobre mano, el pie, la pobre vida...
Los días de la luz deshilachada
en ti, como la lluvia
sobre las banderillas de la fiesta,
dieron pétalo a pétalo de su alimento oscuro
en la boca vacía?
Hambre, coral del hombre,
hambre, planta secreta, raíz de los leñadores,
hambre, subió tu raya de arrecife
hasta estas altas torres desprendidas?

Yo te interrogo, sal de los caminos,
muéstrame la cuchara, déjame, arquitectura,
roer con un palito los estambres de piedra,
subir todos los escalones del aire hasta el vacío,
rascar la entraña hasta tocar el hombre.

Macchu Picchu, pusiste
piedra en la piedra, y en la base, harapos?
Carbón sobre carbón, y en el fondo la lágrima?
Fuego en el oro, y en él, temblando el rojo
goterón de la sangre?
Devuélveme el esclavo que enterraste!
Sacude de las tierras el pan duro
del miserable, muéstrame los vestidos
del siervo y su ventana.
Dime cómo durmió cuando vivía.
Dime si fue su sueño
ronco, entreabierto, como un hoyo negro
hecho por la fatiga sobre el muro.
El muro, el muro! Si sobre su sueño
gravitó cada piso de piedra, y si cayó bajo ella
como bajo una luna, con el sueño!
Antigua América, novia sumergida,
también tus dedos,
al salir de la selva hacia el alto vacío de los dioses,
bajo los estandartes nupciales de la luz y el decoro,
mezclándose al trueno de los tambores y de las lanzas,
también, también tus dedos,
los que la rosa abstracta y la línea del frío, los
que el pecho sangriento del nuevo cereal trasladaron
hasta la tela de materia radiante, hasta las duras cavidades,
también, también, América enterrada, guardaste en lo más bajo
en el amargo intestino, como un águila, el hambre?


XI

A través del confuso esplendor,
a través de la noche de piedra, déjame hundir la mano
y deja que en mí palpite, como un ave mil años prisionera
el viejo corazón del ovidado!
Déjame olvidar hoy esta dicha, que es más ancha que el mar,
porque el hombre es más ancho que el mar y que sus islas,
y hay que caer en él como en un pozo para salir del fondo
con un ramo de aguas secretas y de verdades sumegidas.
Déjame olvidar, ancha piedra, la proporción poderosa,
la trascendente movida, las piedras del panal,
y de la escuadra déjame hoy resbalar
la mano sobre la hipotenusa de áspera sangre y silicio.
Cuando, como una herradura de élitros rojos, el cóndor furibundo
me golpea las sienes en el orden del vuelo
y el huracán de plumas carniceras barre el polvo sombrío
de las escalinatas diagonales, no veo la bestia veloz,
no veo el ciego ciclo de sus barras,
veo el antiguo ser, servidor, el dormido
en los campos, veo el cuerpo, mil cuerpos, un hombre, mil mujeres,
bajo la racha negra, negros de lluvia y noches,
con la piedra pesada de la estatua:
Juan Cortapiedras, hijo de Wiracocha,
Juan Comefrío, hijo de estrella verde,
Juan Piesdescalzos, nieto de la turquesa,
sube a nacer conmigo, hermano.


XII

Sube a nacer conmigo, hermano.
Dame la mano desde la profunda
zona de tu dolor diseminado.
No volverás del fondo de las rocas.
No volverás del tiempo subterráneo.
No volverá tu voz endurecida.
No volverán tus ojos taladrados.
Mírame desde el fondo de la tierra,
labrador, tejedor, pastor callado:
domador de guanacos tutelares:
albañil del andamio desafiado:
aguador de las lágrimas andinas:
joyero de los dedos machacados:
agricultor temblando en la semilla:
alfarero en tu greda derramado:
traed a la copa de esta nueva vida
vuestros viejos dolores enterrados.
Mostradme vuestra sangre y vuestro surco,
decidme: aquí fui castigado,
porque la joya no brilló o la tierra
no entregó a tiempo la piedra o el grano:
señaladme la piedra en que caísteis
y la madera en que os crucificaron,
encendedme los viejos pedernales,
las viejas lámparas, los látigos pegados
a través de los siglos en las llagas
y las hachas de brillo ensangrentado.
Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta.

A través de la tierra juntad todos
los silenciosos labios derramados
y desde el fondo habladme toda esta larga noche
como si yo estuviera con vosotros anclado,
contadme todo, cadena a cadena,
eslabón a eslabón, y paso a paso,
afilad los cuchillos que guardasteis,
ponedlos en mi pecho y en mi mano,
como un río de rayos amarillos,
como un río de tigres enterrados,
y dejadme llorar, horas, días, años,
edades ciegas, siglos estelares.

Dadme el silencio, el agua, la esperanza.

Dadme la lucha, el hierro, los volcanes.

Apegadme los cuerpos como imanes.

Acudid a mis venas y a mi boca.

Hablad por mis palabras y mi sangre.

miércoles, 22 de junio de 2011

POEMA 18, A TUS OJOS



Ojos dulces
Miradas firmes
Ojos tiernos
Abrazos vitales
Ojos pardos
Ojos miel
Ojos cercanos
Palabras justas
Ojos vivos
Amor centinela
Ojos urgentes
Orgasmo inminente
Ojos cerrados
Silencio cómplice
Ojos tuyos
Tus ojos





DE: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES Copyright © de Rogger Alzamora Quijano

jueves, 16 de junio de 2011

I'VE SEEN THAT FACE BEFORE

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Pablo Neruda, Me gustas cuando callas



He visto ese rostro antes…
Tras un tiempo de sombras imaginándola.
Rostro sutil amapola,
cabellos de viento hasta los hombros,
ojos tibios, boca grana.
Dientes apretando un beso.

He visto ese rostro antes…
Los mares que cantaban promesas hoy llegan y me bañan.
El camino del mar hacia mi casa es su rostro y su mirada,
más blanca que la luz de la nieve, más pura que la luna enamorada.

He visto ese rostro antes.
Qué sensación sobre mi mudo tacto!
Qué locura sobre mi insensatez!
Qué acento vital sobre la esdrújula!



DE: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES Copyright © 2012 de Rogger Alzamora Quijano

miércoles, 8 de junio de 2011

POEMA 37, A TI

Para ella, que perdió para ganar.



Cuando pronuncien tu nombre,
y digan de ti lo que no saben.
Cuando tiendan una sábana
de dudas antes que llegues;

los sorprenderás con el perdón
tatuado en tu sonrisa, y una lluvia
de luz sobre la penumbra.
Verán sobre tus hombros
carga ninguna, sí alivio
y una brisa llevará tu voz
y absolverá a todos.

Hoy,
a tu llegada, me regalaré
el orgullo de verte solemne
y hermosa.
Y juntos caminar envueltos
en un abrazo,
disfrutar la llovizna
y ser contigo lo que no pude ser
sin ti.


DE: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES Copyright © 2011 de Rogger Alzamora Quijano

sábado, 28 de mayo de 2011

POEMA 29, A LA NOSTALGIA



Es esta cama,
donde sucumbí con mi triunfo a cuestas,
donde me embriagué con tus sabores,
donde pulsé la oscuridad y tu ombligo,
donde llegué exhausto, entre las sombras,
donde inventé la mirada que hasta hoy te seduce,
donde soñé que soñaba tus sueños,
donde te prometí lo que no iba a cumplir,
donde te amé sin medir ni esperar,
donde abrigué tu cuerpo cristalino,
donde me apoqué ante tu ofrenda,
donde me asaltó el miedo de un futuro sin ti,
donde lloramos sin saber por qué -o quizá sabiéndolo-,
donde un abrazo nos calentó las esperanzas,
donde el reloj se cansó de retornar…
Es esta cama.



(De: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES Copyright © 2010 de Rogger Alzamora Quijano)

jueves, 26 de mayo de 2011

POEMA 32, AL MIEDO


Aunque no quieras siempre lucirás

esa corona invisible que lleva toda mujer a la que un poeta amó.

Manuel Scorza, “Serenata”


Cuando te resistas a mis poemas.
Cuando mis secantes se vuelvan tangentes.
Cuando mi voz grite silencio.
Cuando sienta tu decepción.
Cuando el día ofrezca nada.
Cuando perder sea mi costumbre
y olvidarme tu terapia.
Sabré
que mi vida no vale una pestaña de tus ojos.
Habré perdido el fin y los medios.
Sentiré qué la luna abdicó su blancura
y la causa sus consecuencias.




DE: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES Copyright © 2011 de Rogger Alzamora Quijano



sábado, 21 de mayo de 2011

POEMA 28, A LA VIDA CONTIGO


Para ti, estas letras desquiciadas.



Quiero vivir contigo como vine al mundo,
excomulgado y proscrito.
Sumergirme en tus ojos,
bucear en tus entrañas.
Tirano,
dominar tu lengua.
Abrazar tu cabeza,
pelear con tus jaquecas.
Dormir pegado a tu espalda, besando tu pelo.
Servirte a la cama
jugo y tostadas.
Buscarte bajo las sábanas,
quemarme las manos en tus brasas.
Quiero vivir contigo.




DE: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES Copyright © 2011 de Rogger Alzamora Quijano

lunes, 16 de mayo de 2011

DÍA SIETE




No espero
diosa de blanca sombra
verde mirada y caro desdén
no añoro tu piel muñeca porcelana
por fin soy libre hoy que te vi
del sueño que me poseía
de mi servil entrega que vendí
por tus mieles fantasía

No importa la tormenta me digo
Y aunque lo supe a destiempo
Fui rescatando mi piel, mis libros
Las arenas El mar Brisa y Prisa
transpiración y calma, pan y plan
música Kítaro duendes y paz
y matando limpiamente tus olores profanos.

Todavía debo arrepentirme
con culpas y miseria reincidente
al haber optado estúpidamente
por tus carnes, sabrosa diosa
herrumbre bisutería
visón de pacotilla

Comienzo cortando la mentira
ojos verde-mezquino
No importa la tormenta
repito
Sino lo que deja vivo



DE 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES © Rogger Alzamora Quijano

viernes, 6 de mayo de 2011

POEMA 39, A MI MADRE

A Agustina, mi madre.



Madre, es hora de que me veas.
Hora en que llego a tu puerta.
Madre, recíbeme, soy nadie,
nada, ninguno, como tú temías;
pero ansío tu bienvenida
con la luz encendida, la mesa servida
y el afán.

Te llevo quejas, en vez de triunfos,
vergüenza por caricias, almidón por ternura.
Ya no alcanzarás mi brazo,
y tu voz se quebrará en un perdón sin castigo.

Madre, es hora.
Traigo mis restos, lo que queda de mí.
Será motivo de llanto mi llegada,
la flor de tus labios temblará ante mi nombre,
y tu tacto mariposa colmará de atenuantes mis derrotas.

Madre, voy a que me enseñes otra vez tus teoremas,
A entibiar mis manos en los rescoldos de la cocina.
No tienes que pensar en lavar mis ropas
no tienes que guardar mi comida. Sólo mírame.
Y soslaya el cielo de soledad de mis tiempos de exilio,
donde al caer la tarde estabas tú,
tu voz,
tu luz,
tu lozanía.



DE: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES Copyright © 2007 de Rogger Alzamora Quijano

domingo, 24 de abril de 2011

DÍA VEINTICINCO (ENIGMA)



Sueño que has juntado
nuestras imposibles paralelas
llenando de besos
los abrazos.

Sueño que una filuda luz
cae en mi escritorio
alumbra el enigma
corta el resuello
y trae tu voz.

Sueño
tu nombre sobre mi hombro
sueño que pesa
y sueño que puedo.




DE: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES Copyright © de 2011 Rogger Alzamora Quijano

sábado, 23 de abril de 2011

JUAN DOLIO, REPÚBLICA DOMINICANA Y SU VERDE ABSOLUTO

Escribe: Rogger Alzamora Quijano
Música: Ludovico Einaudi "OLTREMARE"




Todo lugar posee su propio encanto. Sólo hay que detenerse un momento.


Hice los siete pisos en ascensor, dejando para otro día mi costumbre de trepar escaleras. Había sido un día larguísimo y con tormenta hasta el filo de la noche. Inserté la tarjeta y entré en el apartamento. Me despojé de mis zapatos, accioné el control remoto para levantar la persiana anti-huracanes y me quedé mirando el paisaje nocturno del Mar Caribe. Sin duda estaba en un lugar privilegiado. Me dirigí al refrigerador, saqué helados y galletas saladas y me fui a sentar en la terraza. El cielo había quedado limpio. Abajo, en una de las piscinas del Condominio Marbella todavía jugaban algunas personas. Una hora después y muerto de sueño, me metí en la cama. Casi las nueve. Puse el televisor en apagado automático y cerré los ojos.
Apenas había logrado atrapar el sueño, cuando una creciente batahola me despertó. Al parecer se trataba de una celebración en el apartamento contiguo, con la participación de una banda de bachata.
¡Lo que me había costado arrastrarme hasta la cama! Era mi última noche en aquél paraíso, después de un paseo fantástico por la Ciudad Vieja de Santo Domingo, un provechoso almuerzo con los amigos y una digestiva caminata por el Metro Golf Country Club. Ahora estaba otra vez despierto, sin atisbos de recuperar mi sueño, dando vueltas hasta perder la paciencia y sin siquiera poder mirar la televisión, pues la música lo inundaba todo.

Media hora después mis divagaciones me llevaron hasta la terraza. La vista era espectacular, aun con la poca luz que regalaba aquella luna menguante. Desde el séptimo piso del edificio donde yo estaba, mi terraza parecía flotar sobre las aguas del Mar Caribe. Me quedé mirando la inmensidad de preciosos arrecifes y minúsculas olas. Juan Dolio es el paraíso. Ni tan bullicioso como Boca Chica, ni tan comercial y turística como Punta Cana. En Juan Dolio se respira deleite y su gente es sumamente amable, simpática y generosa.
De pronto la música cesó. Miré el reloj: medianoche. Pronto se escuchó la despedida de músicos y asistentes. Recordé lo que dijo al respecto Monsieur Laurent -dueño del apartamento- cuando me entregó las llaves: "En Condominio Marbella las únicas reglas son la honestidad y el respeto".

Iba a regresar al dormitorio cuando vino a mi mente un pequeño relato de Hemingway en un librito azul, del cual no recuerdo el nombre (de hecho tenía que ver con su vida y experiencias, la Revista Sur y Victoria Ocampo), allá por los ochentas -libro que perdí o me robaron-. Allí, el escritor norteamericano narraba un increíble amanecer en una playa cubana. Encendí la lámpara. No estaba yo en Cuba pero sí en el Caribe y era mi última noche. Si buscaba algo especial de este viaje tendría que suceder aquella madrugada. Ya no quedaba mucho tiempo. Al día siguiente tendría que retornar a Lima.
Una vez más acudí a mi fiel "Llano en llamas" de Rulfo y, abrigado para la madrugada, me senté a leer y esperar. Poco después sentí que los niños y sus familias abandonaban la piscina envueltos en toallas multicolores. La una menos diez.
Al filo de las cuatro decidí concentrarme en el horizonte. Dejé de leer. Por un momento pensé bajar hasta la playa, pero preferí quedarme donde estaba. Desde aquella altura se dominaba mejor el horizonte. Además estaba seguro y cómodo en la penumbra, con la suave música del rumor del mar. La madrugada mágica ya estaba sucediendo, pero aún había más para mí.

No sé cuánto tiempo después -y de pronto- la moribunda oscuridad del cielo se encendió sobre el mar, dando paso a un fulgor brevísimo, de un verde ¡increíble! ¡inenarrable!¡un verde absoluto! que latió sobre la línea del horizonte y se difuminó conforme la tierna claridad comenzó a inundarlo todo. Aquél fulgor desapareció en el celeste del cielo, pero se quedó para siempre en mis pupilas, en mi espíritu.

Breve pero magnífico, el verde absoluto me dejó hipnotizado y preso de aquél lugar único, incomparable. Y estoy seguro que Ernest Hemingway sintió lo mismo no muy lejos de allí, en el Caribe cubano.

De: PEQUEÑAS HISTORIAS © Rogger Alzamora Quijano

sábado, 9 de abril de 2011

DÍA NUEVE




de pronto me hallé sin ti
viviendo tranquilo
sin los desmanes
propios de mi andina testarudez
y mirándote ya sin premura
entre las Vanidades
de las salas de espera
con tus ojos devastados por
enormes y apócrifas pestañas

qué bien y lejos estoy
lo prefiero
es mejor para mi quebradiza
certeza
Seguro y fuera
de la nube de soberbia que
cual sombra te persigue

he vencido finalmente tu dominio
pagué por tener de regreso
mi alma cautiva en tus ojos
Crucé sin miedo tu arrogancia
tu vida plana y sibarita
sólo ataviado
con mi folklórica insolencia

necesité de un cobijo
emplastos para el dolor del alma
mientras mi madre me tocaba la frente
y me ofrecía la bendición
de un té bien caliente


DE: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES © 2010 Rogger Alzamora Quijano

lunes, 4 de abril de 2011

DÍA DOS


¿A qué volviste?
¿A remover las aguas,
a liberar mi enojo,
a dibujar un ignoto paisaje
trazado a tu antojo?

Mientras yo adoro el sol de la noche.
Huyo
sordo y silencioso como un caracol
y me escondo donde
no pienso tu regreso,
no olvido tu olvido,
no reclamo tu recuerdo.

Ya no existes.
Dueles pero no lastimas.
Mi orgullo resiste
a tu mirada de humo,
al abuso de tu carisma,
que cuando quiere me deja fuera.

Ya no soy el que mirabas,
gesto anodino mueca tirana,
siempre regando flores en tu camino.

Mi rebeldía es soez,
bruta y baldía.



De: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES © 2010 Rogger Alzamora Quijano

viernes, 25 de marzo de 2011

LO QUE HEMOS PERDIDO


De mi pueblo, los tejados
regresan a mis sueños mojados por la lluvia
gris angustia

Goteras
blancas lágrimas y mortal desenlace
Barro salpica
niebla neblina
tejas llorosas

De mi pueblo, los tejados
piel naranja en los días de Julio
Coqueto cariz que combina
con el verde feliz de los montes

Color amor armonía
La misma fotografía cada mañana
con la campana de la escuela

De mi pueblo, los tejados
algunos vejados por el olvido
Vocablos sueltos
rojo enojo
bañados
por el rio ausente
gris angustia
cauce óxido
pueblo solo
consuelo


Copyright © 2010 de Rogger Alzamora Quijano

lunes, 21 de marzo de 2011

DÍA OCHO



Niña de colegio-bien
que me descubriste
entre los acólitos del oficio
del domingo.

Fan de tus labios perfectos
devoto de tu cabello destellante
Fui advertido y condenado
cuando te proveí mi cuerpo
para que los tuyos no te lapidaran.

Bella.
Bella, como yo necio.
Falsa, encantadora y amoral.
Me dejaste parado
en plena calle
como un James Dean
sin causa,
sin pose, ni cigarro,
mientras te ibas.




DE: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES Copyright © 2006 de Rogger Alzamora Quijano

domingo, 27 de febrero de 2011

EL ABRAZO




Escribe: Rogger Alzamora Quijano

El abrazo es la mayor muestra de cercanía entre dos. Es la forma más sutil de comunión con las sensaciones del otro. De capturar su calor, su estado anímico, su necesidad.
Un abrazo sincero es la muestra más exquisita de ofrecer o recibir amistad.
Es la mejor manera de decir: que te vaya bien, regresa pronto; te necesito; te amo. O, no estás solo.
Un abrazo prueba que existimos.

Cuando te despidas de un amigo dale siempre un abrazo.
Su presencia quedará en ti y tu calor en él,
como si ambos se colocaran un invisible abrigo sobre sus espaldas.
Cuando te despidas de un amigo dale siempre un abrazo.
Quizá no se vuelvan a ver.

© 2003

viernes, 25 de febrero de 2011

DÍA DIECIOCHO



Cómo se verá
tu cuerpo sobre el mío.
Cómo lloverá tu pelo en mi cara.

Cómo se clavarán
las espinas de tus dedos.
Me pregunto...

Cómo será tu talle entre mis brazos.
Cómo tu miel y tu lengua.
Si no serán hastíos tus urgencias.
Me pregunto...

Cómo será tu sueño.
y cómo tus ojeras al alba.
Cómo serán tus tristezas.
Cómo tu ternura.

Cómo te dolerá el silencio
cuando llegue el olvido.

Cómo callarás mis carencias.
Cómo matarás la ilusión.
Cómo será cuando me vaya,
mientras finges dormir.
Me pregunto...







DE: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES Copyright © 2007 de Rogger Alzamora Quijano

miércoles, 9 de febrero de 2011

POEMA 40, A LA NAVIDAD




Es Nochebuena.
Un sueño impar.
Verdes, rojos, oscuridad.
Regalos, bolas de escarcha, consuelo.
Deleite, champaña, sed.

Renos de ojos muertos alumbran
concretamente
la abundancia.

Nochebuena, buena noche.
La navidad con botas
y tú sin zapatos.





DE: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES © 2009 Rogger Alzamora Quijano

domingo, 23 de enero de 2011

BUKOWSKI NO ES BEAT




Escribe: Rogger Alzamora Quijano

Bukowski es el intérprete de una ciudad ruda, oculta, jabonosa y dislocada. Bukowski coloca en palabras la vida radical de los excluidos. Bukowski ha pisado los terrenos de la decepción antes de caminar sobre los de la desilusión. Optó por la desidia y el desparpajo antes de someterse a la dictadura de las editoriales. Felizmente pudo escribir con la misma fruición con la que bebió alcohol. Decidió por la literatura aunque ello significara morir de hambre. No tanto como un acto de valentía sino mejor aún: de confrontación y rebeldía. Bukowski parece haber puesto en práctica el consejo de Rimbaud: su vida debía ser un largo, inmenso y racional desarreglo de todos los sentidos. Experimentó el desenfreno y lo desmenuzó con suma honestidad, consciente de que serviría para sustentar su estilo contestatario. Cada uno de sus textos reflejan la jungla humana que suele esconderse bajo la alfombra de una sociedad repleta de convencionalismos.
Bukowski no se lamenta, se enfrenta. Usa el látigo de sus palabras para vaciar la hipocresía.

Todo

Los muertos no necesitan
aspirina o
tristeza
supongo.
pero quizás necesitan
lluvia.
zapatos no
pero un lugar donde
caminar.
cigarrillos no,
nos dicen,
pero un lugar donde
arder.
O nos dicen:
Espacio y un lugar para
volar,
da
igual.
los muertos no me
necesitan.
ni los
vivos.
pero quizás los muertos se necesitan
unos a
otros.
En realidad, quizás necesitan
todo lo que nosotros
necesitamos
y
necesitamos tanto
Si solo supiéramos
que
es.
probablemente
es
todo
y probablemente
todos nosotros moriremos
tratando de
conseguirlo
o moriremos
porque no
lo
conseguimos.
Espero que
cuando yo este muerto
comprendáis
que conseguí
tanto
como
pude.
De: The Roominghouse Madrigals: Early Selected Poems (1946-1966).

VIDA DE UN VAGABUNDO

El cigarrillo de Harry seguía encendido. Dio otra calada. Brotó una bocanada de humo azul. Le gustaba aquella bocanada de humo azul.
Caminaba bajo el calor del sol pensando: “Voy andando y fumando un cigarrillo.”
Harry caminó hasta llegar al parque que había frente a la biblioteca. Seguía chupando el cigarrillo. Entonces la colilla le quemó los dedos y la tiró a regañadientes. Entró en el parque y anduvo hasta encontrar un sitio entre una estatua y unos arbustos. Era una estatua de Beethoven. Y Beethoven estaba andando, con la cabeza gacha, las manos entrelazadas a la espalda, obviamente pensando en algo.
Harry se agachó y se tumbó sobre la hierba. La hierba recién cortada picaba bastante. Estaba puntiaguda, afilada, pero tenía un aroma agradable y limpio. El aroma de la paz.
Insectos diminutos comenzaron a pulular alrededor de su cara en círculos irregulares, cruzándose unos con otros pero sin chocar jamás.
Apenas eran unas partículas, pero eran unas partículas a la búsqueda de algo.
Harry levantó la mirada, a través de las partículas, hacia el cielo. El cielo estaba azul y endemoniadamente alto. Harry siguió mirando hacia arriba, al cielo, intentando sacar algo en claro. Pero Harry no sacó nada en claro. Ninguna sensación de eternidad, ni de Dios, ni siquiera del diablo. Pero uno tiene que encontrar primero a Dios para encontrar al diablo. Van en ese orden.
A Harry no le gustaban los pensamientos profundos. Los pensamientos profundos podían conducir a errores profundos.
Después pensó un poco en el suicidio. Tranquilamente. Como la mayoría de los hombres piensa en comprarse un par de zapatos nuevos. El problema principal del suicidio es la idea de que podría ser el comienzo de algo peor. Lo que él realmente necesitaba era una botella de cerveza helada, con la etiqueta un poco mojada y esas gotas frías tan hermosas sobre la superficie del vaso.

Fragmento de: Vida de un vagabundo, incluido en la antología: Peleando a la contra

Charles Bukowski nos enseña a vivir peleando contra nuestra propia sombra. A no dejar de rebelarse ni en sueños. A enfrentarse a la noche sin temor a la oscuridad. Y a escribir sin objetivos crematísticos, sino sólo para sentirse vivo. Bukowski no es beat, es Bukowski.

domingo, 16 de enero de 2011

DIA CUATRO



Que este miércoles
ahogado en manjares
perdure abundante
por sobre todos los demás

Tibia y caliente la compañía
Fuerte y ardiente el buen trago
Celeste el piadoso silencio
Blanco el mapa de las estrellas
Y ella
Mil veces sublime y perniciosa




(De: 40 POEMAS Y OTROS TANTOS DESMANES ©2010 Rogger Alzamora Quijano)